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    La antigüedad viva


    Herederos de David y de Ingres, los artistas adscritos al Salón fijaron su mirada en el pasado como objeto de representación, añadiendo nuevos elementos que la modernidad les iba proporcionando. Así,  el ideal clásico sobrevivió en el imaginario artístico, pero carente de su contenido revolucionario y moral, pues los artistas encontraron en él un lugar desde el que proyectar preocupaciones de su vida cotidiana.

    La exaltación de la libertad en una obra como El manantial de Ingres evoluciona hacia escenas cotidianas de la Antigüedad, como La pelea de gallos. Gérôme muestra cómo los contenidos políticos o culturales desaparecen de la representación del pasado y, con ellos, uno de los principios fundamentales de la pintura de historia tal y como la habían entendido los pintores neoclásicos.

  • Izquierda
    Derecha

    Jóvenes griegos poniendo dos gallos a pelear, también llamado La pelea de gallos

    Jean-Léon Gérôme
    Jóvenes griegos poniendo dos gallos a pelear, también llamado La pelea de gallos, 1846
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Stéphane Maréchalle
  • Izquierda
    Derecha

    El manantial

    Jean Auguste Dominique Ingres
    El manantial, 1820-1856
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París ©RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski

  • La antigüedad viva

    Imagen de la exposición Imagen de la exposición


    Herederos de David y de Ingres, los artistas adscritos al Salón fijaron su mirada en el pasado como objeto de representación, añadiendo nuevos elementos que la modernidad les iba proporcionando. Así,  el ideal clásico sobrevivió en el imaginario artístico, pero carente de su contenido revolucionario y moral, pues los artistas encontraron en él un lugar desde el que proyectar preocupaciones de su vida cotidiana.

    La exaltación de la libertad en una obra como El manantial de Ingres evoluciona hacia escenas cotidianas de la Antigüedad, como La pelea de gallos. Gérôme muestra cómo los contenidos políticos o culturales desaparecen de la representación del pasado y, con ellos, uno de los principios fundamentales de la pintura de historia tal y como la habían entendido los pintores neoclásicos.

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    ¿Un desnudo ideal?


    A mediados del siglo XIX el desnudo seguía siendo considerado el ideal de belleza. Además de proclamar el ideal estético, el cuerpo es utilizado para narrar historias. El cuerpo voluptuoso y carnal de El manantial de Courbet, heredero de los de Rubens, se enfrenta a la superficie aporcelanada de los cuerpos de Cabanel en obras tan emblemáticas como el Nacimiento de Venus.

    En ambos, el cuerpo es el pretexto; su  ambigüedad se hace evidente a través de la provocación que sugieren, suscitando críticas entre los más conservadores así como un enorme éxito comercial.

  • Izquierda
    Derecha

    CC.09

    Alexandre Cabanel
    Nacimiento de Venus, 1863
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
  • Izquierda
    Derecha

    Ninfa raptada por un fauno

    Alexandre Cabanel
    Ninfa raptada por un fauno, 1860
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París, en depósito en el Palais des Beaux-Arts, Lille
    ©RMN-Grand Palais / Derechos reservados
  • Izquierda
    Derecha

    El manantial, llamado también Bañista en el manantial

    Gustave Courbet
    El manantial, también llamado Bañista en el manantial, 1868
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    ©RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Gérard Blot / Hervé Lewandowski
  • ¿Un desnudo ideal?

    Imagen de la exposición Imagen de la exposición


    A mediados del siglo XIX el desnudo seguía siendo considerado el ideal de belleza. Además de proclamar el ideal estético, el cuerpo es utilizado para narrar historias. El cuerpo voluptuoso y carnal de El manantial de Courbet, heredero de los de Rubens, se enfrenta a la superficie aporcelanada de los cuerpos de Cabanel en obras tan emblemáticas como el Nacimiento de Venus.

    En ambos, el cuerpo es el pretexto; su  ambigüedad se hace evidente a través de la provocación que sugieren, suscitando críticas entre los más conservadores así como un enorme éxito comercial.

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    Pasión por la historia, historia de las pasiones


    La pintura de historia era considerada el gran género. Abarcaba tanto las historias sacras como las mitológicas y profanas, tal y como se aprecia en los Romanos de la Decadencia de Thomas Couture, donde, casi como si de un manifiesto de este tipo de pintura se tratara, se dan cita casi todos los aspectos de este imaginario.

    La pintura de historia ofrecía una vía de escape a los repertorios auspiciados por la Academia, pues permitía representar escenas de carácter heroico o moralizante, pero también aquellas que destacaban aspectos cotidianos de Roma, de las leyendas medievales o del pasado más reciente de la propia Francia.
  • Izquierda
    Derecha

    Herculano, 23 de agosto del año 79

    Hector Leroux
    Herculano, 23 de agosto del año 79, 1881
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / René-Gabriel Ojéda
  • Izquierda
    Derecha

    La muerte de Francesca de Rímini y de Paolo Malatesta

    Alexandre Cabanel
    La muerte de Francesca de Rímini y de Paolo Malatesta, 1870
    Óleo sobre lienzo 
    Musée d’Orsay, París
    © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Adrien Didierjean
  • Izquierda
    Derecha

    La excomunión de Roberto II el Piadoso

    Jean-Paul Laurens 
    La excomunión de Roberto II el Piadoso, 1875
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
  • Izquierda
    Derecha

    Campaña de Francia de 1814

    Ernest Meissonier
    Campaña de Francia de 1814, 1864
    Óleo sobre tabla
    Musée d’Orsay, París
    ©RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
  • Pasión por la historia, historia de las pasiones

    Imagen de la exposición Imagen de la exposición


    La pintura de historia era considerada el gran género. Abarcaba tanto las historias sacras como las mitológicas y profanas, tal y como se aprecia en los Romanos de la Decadencia de Thomas Couture, donde, casi como si de un manifiesto de este tipo de pintura se tratara, se dan cita casi todos los aspectos de este imaginario.

    La pintura de historia ofrecía una vía de escape a los repertorios auspiciados por la Academia, pues permitía representar escenas de carácter heroico o moralizante, pero también aquellas que destacaban aspectos cotidianos de Roma, de las leyendas medievales o del pasado más reciente de la propia Francia.

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    El indiscreto encanto de la burguesía


    El retrato adquirió gran popularidad en el París de mediados del siglo XIX, siendo practicado por todos los artistas académicos, a pesar de que la crítica lo considerara comercial y burgués. Durante el II Imperio la nobleza promovíó retratos fastuosos, que reavivaron el recuerdo de los retratos de aparato propios del Antiguo Régimen.

    Tras la Comuna de París, el gusto burgués aportó una mayor sobriedad a los retratos, entre los que encontramos a importantes figuras de la cultura francesa, como Proust o Victor Hugo, y en los que la psicología del personaje resulta fundamental.

  • Izquierda
    Derecha

    Retrato de Mademoiselle X, marquesa de Anforti

    Carolus-Duran
    Retrato de Mademoiselle X, marquesa de Anforti, 1875
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París, en depósito en el Musée des Beaux-Arts de Cambrai
    © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
  • Izquierda
    Derecha

    Retrato del marqués y de la marquesa de Miramon y de sus hijos

    James Tissot 
    Retrato del marqués y de la marquesa de Miramon y de sus hijos, 1865
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
  • Izquierda
    Derecha

    Retrato de Marcel Proust

    Jacques-Émile Blanche
    Retrato de Marcel Proust, 1892
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    ©RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
  • El indiscreto encanto de la burguesía

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    El retrato adquirió gran popularidad en el París de mediados del siglo XIX, siendo practicado por todos los artistas académicos, a pesar de que la crítica lo considerara comercial y burgués. Durante el II Imperio la nobleza promovíó retratos fastuosos, que reavivaron el recuerdo de los retratos de aparato propios del Antiguo Régimen.

    Tras la Comuna de París, el gusto burgués aportó una mayor sobriedad a los retratos, entre los que encontramos a importantes figuras de la cultura francesa, como Proust o Victor Hugo, y en los que la psicología del personaje resulta fundamental.

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    Reinventando la pintura religiosa


    La necesidad de generar un nuevo imaginario social promovió el acercamiento a la pintura de carácter espiritual y religioso. Los artistas se vieron obligados a reinventar un lenguaje que para muchos parecía haber quedado vacío de significado.

    La pintura académica dirigió su mirada hacia escenas del Antiguo Testamento, en las que el dolor y el drama se muestran atemperados por el refinamiento bizantino que muestra, por ejemplo, la Virgen de la consolación de Bouguereau, o el manierismo de Santa Cecilia muerta de Gautier. La renovación más espectacular viene de la mano de los modelos inspirados por la pintura barroca española, desarrollados por Henner y, sobre todo, Bonnat.
  • Izquierda
    Derecha

    Job

    Léon Bonnat
    Job, 1880
    Óleo sobre lienzo 
    Musée d’Orsay, París
    © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / René-Gabriel Ojéda
  • Izquierda
    Derecha

    Jesús en la tumba también llamado Cristo muerto

    Jean-Jacques Henner
    Jesús en la tumba, también llamado Cristo muerto, 1879
    Óleo sobre lienzo 
    Musée d’Orsay, París
    © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
  • Izquierda
    Derecha

    Virgen de la consolación

    William Bouguereau
    Virgen de la consolación, hacia 1877
    Óleo sobre lienzo 
    Musée d’Orsay, París, en depósito en el Musée des Beaux-Arts de Strasbourg
    © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Martine Beck-Coppola
  • Reinventando la pintura religiosa

    Imagen de la exposición Imagen de la exposición


    La necesidad de generar un nuevo imaginario social promovió el acercamiento a la pintura de carácter espiritual y religioso. Los artistas se vieron obligados a reinventar un lenguaje que para muchos parecía haber quedado vacío de significado.

    La pintura académica dirigió su mirada hacia escenas del Antiguo Testamento, en las que el dolor y el drama se muestran atemperados por el refinamiento bizantino que muestra, por ejemplo, la Virgen de la consolación de Bouguereau, o el manierismo de Santa Cecilia muerta de Gautier. La renovación más espectacular viene de la mano de los modelos inspirados por la pintura barroca española, desarrollados por Henner y, sobre todo, Bonnat.

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    Orientalismos: del harén al desierto


    Herederos del romanticismo que sacudió el Salón durante la primera mitad del siglo, los artistas de la siguiente generación hicieron una reinterpretación del orientalismo. Desde la perspectiva de la Academia, ofrecieron una vía de escape a los visitantes del Salón, que cayeron rendidos ante los encantos que el imaginario del harén les ofrecía. La odalisca tumbada de Benjamin-Constant se ofrece al espectador con la misma provocación que la Venus de Cabanel, pero su exotismo la hace aún más irresistible.

    Durante el último tercio de siglo, una serie de pintores prefirieron buscar inspiración más allá de los estereotipos occidentales, y viajaron por España, África y Oriente Medio, ofreciendo una dimensión etnográfica visible en obras como El Sáhara, de Guillaumet o Los peregrinos yendo a La Meca de Belly. La imagen de Oriente perdurará en nuestro imaginario durante todo el siglo XX haciéndonos soñar con lugares lejanos y exóticos, atmósferas y colores apacibles en algunos casos, y contrastes sorprendentes en otros.

  • Izquierda
    Derecha

    Tamar

    Alexandre Cabanel
    Tamar, 1875
    Óleo sobre lienzo 
    Musée d’Orsay, París
    © Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
  • Izquierda
    Derecha

    Peregrinos yendo a La Meca

    Léon Belly 
    Peregrinos yendo a La Meca, 1861
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    ©RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Franck Raux / Stephane Marechalle
  • Izquierda
    Derecha

    El Sáhara también llamado El desierto

    Gustave Guillaumet
    El Sáhara también llamado El desierto, 1867
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    ©RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Franck Raux / Stephane Marechalle
  • Orientalismos: del harén al desierto

    Imagen de la exposición Imagen de la exposición


    Herederos del romanticismo que sacudió el Salón durante la primera mitad del siglo, los artistas de la siguiente generación hicieron una reinterpretación del orientalismo. Desde la perspectiva de la Academia, ofrecieron una vía de escape a los visitantes del Salón, que cayeron rendidos ante los encantos que el imaginario del harén les ofrecía. La odalisca tumbada de Benjamin-Constant se ofrece al espectador con la misma provocación que la Venus de Cabanel, pero su exotismo la hace aún más irresistible.

    Durante el último tercio de siglo, una serie de pintores prefirieron buscar inspiración más allá de los estereotipos occidentales, y viajaron por España, África y Oriente Medio, ofreciendo una dimensión etnográfica visible en obras como El Sáhara, de Guillaumet o Los peregrinos yendo a La Meca de Belly. La imagen de Oriente perdurará en nuestro imaginario durante todo el siglo XX haciéndonos soñar con lugares lejanos y exóticos, atmósferas y colores apacibles en algunos casos, y contrastes sorprendentes en otros.

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    Paisajes soñados


    El XIX es el siglo por excelencia del paisaje, sobre todo en el arte francés.  Después de haber sido considerado durante mucho tiempo soporte para otro tipo de temas, es ahora cuando adquiere relevancia y autonomía. El viaje a Italia, habitual en gran parte de los artistas, fomenta el gusto por este tipo de pintura que parte de la tradición establecida por Nicolás Poussin en el siglo XVII.

    El género adquirirá cada vez mayor libertad, sobre todo de la mano de Camille Corot, que basará sus escenas en recuerdos y sentimientos nostálgicos más que en reglas aprendidas en la Academia. Siguiendo su estela, encontraremos esas mismas evocaciones románticas en la Diana cazadora de Böcklin o en el simbolismo de Alphonse Osbert en sus Cantos de la noche.

  • Izquierda
    Derecha

    La caza de Diana también llamado Paisaje con Diana cazadora

    Arnold Böcklin
    La caza de Diana también llamado Paisaje con Diana cazadora, 1896
    Óleo y temple sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
  • Izquierda
    Derecha

    Siesta

    Hans Thoma
    Siesta, 1889
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    ©RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
  • Izquierda
    Derecha

    Los cantos de la noche

    Alphonse Osbert
    Los cantos de la noche, 1896
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    © Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
  • Paisajes soñados

    Imagen de la exposición Imagen de la exposición


    El XIX es el siglo por excelencia del paisaje, sobre todo en el arte francés.  Después de haber sido considerado durante mucho tiempo soporte para otro tipo de temas, es ahora cuando adquiere relevancia y autonomía. El viaje a Italia, habitual en gran parte de los artistas, fomenta el gusto por este tipo de pintura que parte de la tradición establecida por Nicolás Poussin en el siglo XVII.

    El género adquirirá cada vez mayor libertad, sobre todo de la mano de Camille Corot, que basará sus escenas en recuerdos y sentimientos nostálgicos más que en reglas aprendidas en la Academia. Siguiendo su estela, encontraremos esas mismas evocaciones románticas en la Diana cazadora de Böcklin o en el simbolismo de Alphonse Osbert en sus Cantos de la noche.

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    El mito: la eternidad de lo humano en cuestión


    Las escenas de carácter mitológico sirvieron a los artistas para plantear las eternas cuestiones sobre el origen y el destino del hombre, más allá de las apariencias pasajeras que el mito adopta a lo largo de la Historia. Así, por un lado, buscaron mitos que sus predecesores ignoraban, más sombríos y violentos, de herencia miguelangelesca y barroca como el Perseo de Joseph Blanc, pero también mitos paganos como Dante y Virgilio de Bouguereau.

    Por otro, privilegiaron el misterio inquietante y simbólico del mito, creando escenas más íntimas como vemos en Jasón de Gustave Moreau. En ambos casos, la pintura mitológica se hará eco de la angustia de un siglo XIX que se acaba, encontrando una excusa para poder representar la violencia, la melancolía y el desasosiego.

  • Izquierda
    Derecha

    Dante y Virgilio

    William Bouguereau
    Dante y Virgilio, 1850
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    ©Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
  • Izquierda
    Derecha

    Nacimiento de Venus

    William Bouguereau
    Nacimiento de Venus, 1879
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
  • Izquierda
    Derecha

    Muerte de Orfeo

    Emile Lévy
    Muerte de Orfeo, 1866
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    ©RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Stéphane Maréchalle
  • Izquierda
    Derecha

    ¡Calamidad!

    Henri Camille Danger
    ¡Calamidad!, 1901
    Óleo sobre lienzo
    © Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
  • El mito: la eternidad de lo humano en cuestión

    Imagen de la exposición Imagen de la exposición


    Las escenas de carácter mitológico sirvieron a los artistas para plantear las eternas cuestiones sobre el origen y el destino del hombre, más allá de las apariencias pasajeras que el mito adopta a lo largo de la Historia. Así, por un lado, buscaron mitos que sus predecesores ignoraban, más sombríos y violentos, de herencia miguelangelesca y barroca como el Perseo de Joseph Blanc, pero también mitos paganos como Dante y Virgilio de Bouguereau.

    Por otro, privilegiaron el misterio inquietante y simbólico del mito, creando escenas más íntimas como vemos en Jasón de Gustave Moreau. En ambos casos, la pintura mitológica se hará eco de la angustia de un siglo XIX que se acaba, encontrando una excusa para poder representar la violencia, la melancolía y el desasosiego.

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    La transfiguración de la lección académica


    Con la llegada de la fotografía y del cinematógrafo, el intento de los artistas de fin de siglo por crear crear una pintura que fuera capaz de transmitir ideas y sueños, una pintura verosímil, dejó de tener sentido. Hacia 1914 la pintura de historia, el género por excelencia defendido por la Academia, cayó en desuso, pero no dejó de existir.

    Esta exposición pone de manifiesto como los propios artistas retaron las convenciones y el laborioso trabajo de ilusionismo impuesto por la tradición, tal y como muestran las obras de Puvis de Chavannes, Maurice Denis o Alphonse Osbert. Estos artistas expusieron de forma paralela en los Salones oficiales e independientes, formando una verdadera vanguardia alternativa al postimpresionismo, sin perder su condición de herederos de la gran tradición.

  • Izquierda
    Derecha

    La esperanza

    Pierre Puvis de Chavannes
    La esperanza, 1871-1872
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
  • Izquierda
    Derecha

    La dama en el jardín cerrado

    Maurice Denis
    La dama en el jardín cerrado, 1894
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    ©Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
  • Izquierda
    Derecha

    La expulsión del Paraíso

    Franz von Stuck
    La expulsión del Paraíso, hacia 1890
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    ©Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
  • La transfiguración de la lección académica

    Imagen de la exposición Imagen de la exposición


    Con la llegada de la fotografía y del cinematógrafo, el intento de los artistas de fin de siglo por crear crear una pintura que fuera capaz de transmitir ideas y sueños, una pintura verosímil, dejó de tener sentido. Hacia 1914 la pintura de historia, el género por excelencia defendido por la Academia, cayó en desuso, pero no dejó de existir.

    Esta exposición pone de manifiesto como los propios artistas retaron las convenciones y el laborioso trabajo de ilusionismo impuesto por la tradición, tal y como muestran las obras de Puvis de Chavannes, Maurice Denis o Alphonse Osbert. Estos artistas expusieron de forma paralela en los Salones oficiales e independientes, formando una verdadera vanguardia alternativa al postimpresionismo, sin perder su condición de herederos de la gran tradición.

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    Hacia una nueva mirada


    Con Las oréades de Bouguereau y Las bañistas de Renoir como colofón, la exposición reflexiona sobre la historiografía del arte del siglo XIX. Este discurso destacaba la trayectoria de los artistas que conducían directamente a la vanguardia, dejando en el “olvido” a aquellos que no formaban parte de esta narración convencional; pero, sin éstos últimos, no podría entenderse buena parte del arte del siglo XX.

    Ambas obras, pese a su evidente distancia, pueden enseñarnos a mirar la historia del arte desde un ángulo y una perspectiva diferente. Ambas obras comparten el gusto por el desnudo al aire libre, que encuentra en la tradición de Tiziano y Rubens un lugar común. De una generación a otra, de una mirada a otra, la historia del arte siempre está por reescribir.

  • Izquierda
    Derecha

    Las oréades

    William Bouguereau
    Las oréades, 1902
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    ©Musée d'Orsay, Dist. RMN-Grand Palais / Patrice Schmidt
  • Izquierda
    Derecha

    Las bañistas

    Auguste Renoir
    Las bañistas1918-1919
    Óleo sobre lienzo
    Musée d’Orsay, París
    © RMN-Grand Palais (musée d'Orsay) / Hervé Lewandowski
  • Hacia una nueva mirada

    Imagen de la exposición Imagen de la exposición


    Con Las oréades de Bouguereau y Las bañistas de Renoir como colofón, la exposición reflexiona sobre la historiografía del arte del siglo XIX. Este discurso destacaba la trayectoria de los artistas que conducían directamente a la vanguardia, dejando en el “olvido” a aquellos que no formaban parte de esta narración convencional; pero, sin éstos últimos, no podría entenderse buena parte del arte del siglo XX.

    Ambas obras, pese a su evidente distancia, pueden enseñarnos a mirar la historia del arte desde un ángulo y una perspectiva diferente. Ambas obras comparten el gusto por el desnudo al aire libre, que encuentra en la tradición de Tiziano y Rubens un lugar común. De una generación a otra, de una mirada a otra, la historia del arte siempre está por reescribir.